5.1. Reflexión Inicial Módulo V

En nuestra planificación educativa tenemos que desarrollar procedimientos e instrumentos de evaluación de aprendizajes de acuerdo a la realidad, desde la toma de datos que implica que el docente acompañe a sus estudiantes para que permitan identificar lo que tienen que aprender, como se usaran y como demostrar lo aprendido, hasta al análisis y posterior toma de decisiones para mejorar el proceso de enseñanza aprendizaje.

El docente deberá tener metas claras para conducir la evaluación de los aprendizajes. La evaluación al no tener una buena planificación se vuelve como una ruleta rusa, es decir sálvese quien pueda, no enseña de acuerdo a lo aprendido, parece que no pretende nada, la evaluación es una autentica sorpresa, no se ejercita de acuerdo con lo que se evaluará.

 

La mala evaluación de los alumnos puede ocasionar que tengan miedo de determinada materia o de la de la institución educativa, puede provocar  deserción, ausentismos, hasta puede causar traumas que pueden llegar a afectar al individuo en su desarrollo normal. Evaluar no es solo poner notas a los estudiantes o para llenar las exigencias del director, implica la mejora del proceso de aprendizaje. La falta de calidad en la evaluación es un problema latente en nuestras en escuelas.

La evaluación tradicional no siempre es real y suele ser subjetiva. Especialmente porque se entiende rendimiento como el resultado del estudiar que casi siempre es una actividad basada en la lectura y en la memorización, este modelo es influencia en el docente, debido a la falta de conocimiento de lo que es una verdadera evaluación.

 

Considero que ya no basta describir resultados, importa dar un juicio de valor sobre ellos, en la medida que estos resultados se correlacionan con las finalidades previstas. Por ello, la evaluación debe ser un mecanismo que permita este necesario proceso valorativo que va más allá de la presentación de datos o cuadros estadísticos.

 

Se debería trata de ver más allá de la presentación de datos o cuadros estadísticos. Se trata de ver hasta qué punto la práctica educativa es significativa para el sujeto en su dimensión personal y social. Es decir, presentar cómo la acción educacional adquiere significancia para las personas involucradas y para el grupo social de pertenencia.